(Nota de la editora: Artículo copiado del diario Clave Digital, edición del tres de este mes de diciembre. Valga mi acotación: hay delincuentes, muchos de ellos en lujosos despachos en los palacios de gobierno -en las iglesias, los sindicatos, congresos, etc.- que lucen, sólo lucen, honorables y dignos por aquello de sus trajes. Pero el hábito no hace al monje, aunque sí lo ayuda mucho para disfrazar sus fechorías de todod tipo. Si no, revisemos cómo viven los grandes desfalcadores en los puestos de poder.)
Oscar López Núñez/Especial para Clave Digital.
SANTO DOMINGO, República Dominicana.-Después de salir casi de madrugada de trabajar como food stylist en un comercial de navidad de Supermercados Nacional con mis amigos de La Visual Sonora, llegué a mi casa en la calle Duarte casi esquina Mercedes, en la Zona Colonial.
Subí a la azotea de mi casa a tomar el fresco y mi amigo -y room mate-, el artista plástico Ney Díaz H. llegó minutos después.
-¿Tienes cigarrillos?- le pregunté al bajar a recibirlo.
-No tengo, pensé que tú habías comprado- me dijo.
2:30 de la madrugada, la noche aromada de los jazmines del patio de una iglesia cercana no parecía augurar maldad alguna.
-¿Te parece si vamos caminando por el Conde hasta la Cafetería Dumbo a comprar?- le pregunté- acordamos ir.
Nos llevamos un vaso de agua grande y emprendimos nuestra aventura. Fuimos caminando, las farolas del paseo peatonal le imprimían a los edificios un aire romántico y melancólico. Mientras, empezamos a ver la factura de edificios construidos a principios de siglo.
Le comentaba a Ney, que a mi entender, el ser humano se ha ido envileciendo en la medida en que se han constreñido sus espacios vitales, que las construcciones de antaño de techos altos y ventanales amplios que invitaban a entrar y sentarse el aire y la luz, hacían que así mismo fuera el "techo mental" de las gentes. Le comentaba que una habitación de servicio de una casa de antes, tenía dimensiones dignas, que ahora son como cajas, bajitas y obscuras, donde el lavamanos queda arriba del inodoro, y frente a este, el ínfimo espacio que ocuparía un catre de campaña o un camastro. Por supuesto que hablamos de la Habana, de su enhiesta monumentalidad, de la eterna hermosura de su herrería, del óvalo magnifico de la luz que la envuelve de día y de noche.
Llegamos a Dumbo, en el Parque Independencia, compramos cigarrillos y un par de guineos (bananas), y de nuevo por el Conde, nos dirigimos a la casa.
Seguimos conversando y admirando la hermosa arquitectura de la zona, nos tropezamos con varios mendigos que dormían en bancos. Nuestra conversación era muy apasionada y amena.
Dos calles adelante, se paró una camioneta, doble cabina, de la policía. Como el que nada teme, nada debe, continuamos sin prisa alguna caminando; del vehiculo se desmontó aquel policía que, con aires de esbirro trujillista, nos esperó.
-¡Déjenme ver sus documentos!-, tronó con cara de perro rabioso.
Le mostramos nuestros documentos, nos dijo que estábamos presos por caminar en la calle, que los únicos que podían estar en la calle eran los policías.
Nos subieron al vehículo donde habían dos policías más, con las mismas normas de cortesía del cabo Payan, como luego supimos que se llamaba el cabo de marras.
Nos dieron vueltas por la zona, técnica que utilizan para aterrorizar y quitarle dinero a las personas que detienen. Pero Ney y yo continuamos conversando animadamente sobre la arquitectura, el arte y todas aquellos temas que nos permitieron flotar sobre la mierda y la ignominia, no sabía yo que había toque de queda en mi país, y que el derecho al libre tránsito estaba restringido. Al no ofrecer dinero, ni suplicar, ni mostrar miedo y continuar conversando sobre temas no entendibles para él, el cabo Payan se enfureció y subió el radio a todo volumen.
Por fin llegamos al cuartel de la Zona Colonial de la calle Vicente Celestino Duarte.
-Van a tener que salir por fiscalía- agregó con su tono áspero e intimidante.
Un policía joven y de mejores formas, tomó nuestros datos en una maltrecha y arrugada libreta escolar. Eran las tres y algo. La madrugada con su aliento de metal afilaba mis sentidos, -traca traca, traca traca- sonaba suspendido en el techo de madera un ventilador que amenazaba con desprenderse de su base. -Traca traca, traca traca- la luz intermitente de un tubo fluorescente prendía y apagaba, iluminando cuerpos dormidos en sillas desvencijadas y en el suelo, un detenido pudiente roncaba en su saco de dormir. -Traca traca, traca traca-. -La fiscal vendrá a depurarlos a las ocho de la mañana-nos informó el policía joven sentado en un escritorio gris plomo descascarado, mudo testigo de quién sabe que atrocidades. El cuartel, una antigua casa colonial, que sin duda sirvió en otra época a más nobles propósitos, emite un aura mórbida de cúmulo de dolores y sufrimientos. -Traca traca, traca traca- interminable noche, fumo en un patio español- al que el policía joven me permitió entrar- enrejado, junto a una fuente que hace siglos dejó de cantar, hay motores confiscados, escritorios grises, despatarrados, uno sobre otro, de cualquier forma.
Ney, tenía que dar clases de pintura a un grupo de no videntes,- tiene un método de enseñanza de pintura para no videntes- y le explica al policía joven, que debe llamar, pero en este cuartel no hay teléfono, ni prisa, ni respeto al tiempo del otro. Fue una noche larga, donde nos guarecimos cada uno en la fuerza y la dignidad del otro. El día enviaba sus primeros emisarios, -Traca traca, traca traca- el abanico desvencijado, sonando con acento de pala en caja de muerto. Los dedos del alba coloreaban nubes. El policía joven se fue a acostar, y se me acabo el poder vagar por el cuartel, y llego otro policía más viejo, con cara inexpresiva y frente surcada de arrugas como fuelle de acordeón.
–¡Siéntense aquí!- ordenó.
Me insinuó que necesitaba dinero para un pasaje. Empezó a barrer el cuartel, -¿Usted no le pega a esto?- Le dijo a Ney, mientras intentaba pasarle la escoba.
-Si usted me obliga- le contestó Ney, mientras yo lo miraba con cara de poco amigo.
Llegaron las ocho, hora en que supuestamente la fiscal iba a depurar los detenidos- el preso de confianza –o el que brindaba refrescos, dinero y comida a los policías- salió a la calle a buscar no sé que cosa, volvió con una muda de ropa, pidió agua para bañarse,
se bañó y perfumó, esperando ser atendido por la fiscal. Subieron la bandera e hicieron a todos pararse, yo me negué a honrarla en aquellas condiciones, yo honro mi bandera porque amo mi Patria, no por terror.
Dieron las diez de la mañana, y pasó un abogado, un amigo que trabaja con Guillermina.
-¿Qué tú haces aquí?
-Preso por caminar por la Calle El Conde.
El abogado preguntó al que estaba de guardia el motivo por el cual me tenían allí. A lo que el susodicho dijo que no sabía. Abogado nos llevó un desayunito y salió a llamar a
Guillermina.
Después llegó un policía de esos con cara de asesino, vestido de civil.
-¿Ustedes son de Afganistán? Dijo señalándonos despectivamente. Después preguntó: -"Si Ney me lo metía a mí, o yo a Ney"… que "quién le daba a quién".
Ney le contestó que ojala él ser la pareja de alguien como yo. Todo esto transcurría a mis espaldas. Después llegó otro, gordo bajo, no sólo de estatura física, sino moral, --¿María es tú nombre?- me dijo burlón.
–Respéteme, que yo a usted no le he faltado al respeto- le dije con rabia.
Conseguí un teléfono, y llamé a Landa, -Por favor llama a Patricia al ante despacho de la Presidencia, dile que estoy aquí-.
Pasaron horas, soportando burlas, faltas de respeto de todo tipo. Llamaron de la Presidencia a los celulares de los encargados preguntando por mí, y como que medio
se asustaron, porque los policías aquí hacen sus fechorías cuando entienden que tú no eres nadie y que no puedes llamar a nadie, ellos te miran la ropa y los zapatos y por ahí evalúan, y como Ney y yo andamos en chanclas y en jeans rotos, no les funciono el colador.
Vino un capitán enviado de la presidencia, tomó nuestros nombres y salió para la fiscalia, en la puerta de al lado. Pasaron dos horas más y la fiscal, nada. Volví a conseguir un celular prestado y llame a Patricia. Finalmente vinieron de varias partes a soltarme, debo decir que el supervisor de Politur que enviaron es un caballero, los otros dos cuando yo le dije de las faltas de respeto de que había sido objeto y que iba a denunciarlo, tanto en mi programa de radio, como en mi columna de Internet "Reflexiones antes del almuerzo".
Me dijeron que "la cosa se podía ir más para arriba si yo me ponía a hablar".
-¿Tú no quieres que se vaya más para arriba la cosa, porque tú estás aquí soltándome porque te mandaron de la Presidencia de la República?- le dije, molesto.
El 2do Teniente Marcelino, Comandante de la dotación, me pidió excusas, y nos llevó, como a las cuatro de la tarde, a donde la ocupada fiscal, que no había podido ir a depurar los presos, porque estaba tan ocupada.-Usted sabe que es cuidándolos a ustedes, porque en el Conde pasa de todo de madrugada –Sí, le contesté- lo que pasa es que yo de hablar tres minutos con una persona, sé cuando es un delincuente, o cuando es una persona de trabajo.
Por eso no les di los 200 pesos al policía Cabo Payan, porque estoy harto de esta crápula que se ciñe los laureles de ser "la autoridad", con terrorismo, chantaje, chanchullo, miedo y bajeza, porque pasé un mal rato, y lo voy a volver a pasar, porque no les voy
a dar un centavo, ni al troglodita grosero del cabo Payan, ni a ningún otro. No les doy los 200, y los exhorto a que no les den un centavo, si por no pasar un mal rato seguimos llevándoles la cuerda a estos maleantes, nunca mejorarán las cosas.
Si algo me pasa sigan adelante, ellos pueden matar el cuerpo, pero no las ideas ni el espíritu. Por lo pronto, yo voy a seguir caminando por el Conde a la hora que tenga que hacerlo, Este sábado pretendo caminar a las 3 de la mañana, con mi amigo Ney, es una caminata de resistencia, si quieren unírsenos, el viernes les enviaré otro correo.
Los amo, como amo la verdad, como amo las flores, como amo la justicia, aunque en este país, la justicia se haga la pendeja, háganme el favor, difundan este escrito, y no les den ni cinco pesos a quienes deberían actuar con la majestad de la ley, y no son más que un club de delincuentes.
Oscar López Núñez
Epílogo:
Salimos al sol de la tarde y sonreímos.
-Ney, me siento orgulloso de ti- le dije con emoción
-Oscar, me siento orgulloso de ti, de tu coraje y valor- me dijo, y nos dimos un abrazo y caminamos por las calles de la Zona hasta la casa.
martes, 4 de diciembre de 2007
viernes, 9 de noviembre de 2007
En defensa de los locos
(Nota de la editora: Escribí el texto que aparece abajo, en 1990, para el desaparecido diario El Siglo. Y lo comparto hoy porque tengo la convicción de que la gente del poder y del dinero, principalmente los peledeístas "subíos en el palo", podrían encontrar en él un medio para reflexionar acerca de este aquí y este ahora post Noel. Los confieso que "me quilla" repetirme... Y les confieso, además, que Leonel Fernández me ha inspirado, desde que anda empeñado en seguir en la silla aquella, el más bajo sentimiento que me inspiran algunos comportamientos humanos: lástima. La vida te guarda sorpresa... A mí quién me iba a decir que un ser humano que me provocó tanta admiración, aquí y ahora me provoque lástima.)
"La verdadera locura quizá no sea cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca".
Enrique Heine.
Las sociedades, sobre todo cuando entran en un período de descomposición, son muy dadas a buscar "chivos expiatorios" para culparlos por sus males.
Somos tan irresponsables que son excepcionales aquellos y aquellas que osan reconocer sus propios fallos, errores y defectos. Los culpables siempre serán los otros y las otras. Nunca nosotros ni nosotras mismas.
La sociedad, como sistema organizado para hacer creer a la gente que de veras es libre, aunque únicamente le permite expresar su individualidad en cosas de poca importancia y aceptables desde el punto de vista social, como dice un teórico del comportamiento humano, la sociedad, insisto, es una perfecta incubadora y propiciadora de injusticias.
Una de las más recientes es la que se ha intentado frente a los locos. Y locas también, por supuesto. Ahora resulta que son ellos y ellas unos de los principales responsables de la ola de violencia, crímenes y otras inmundicias que están socavando a la sociedad dominicana.
Pero no. Digo, en primera persona del singular, que los locos y las locas no tienen absolutamente nada que ver con tanta maldad humana, con tanto asco social. Ellos y ellas, en su mayoría, están tranquilos y tranquilas en los manicomios o en sus casas.
Prácticamente ninguno usa armas. De ningún tipo. Quienes sí andan armados y bien armados, hasta los dientes, son los dueños del poder político. Esos que tienen al mundo expuesto a un holocausto porque prefieren gastar más recursos en armas que en alimentos y en educación. Esos que se enriquecen a cómo dé lugar, mientras la mayoría de los habitantes de la Tierra prácticamente muere de hambre.
Esos que piden paz en oraciones y en declaraciones, mientras con sus hechos, en la cotidianidad, se encargan de fomentar las injusticias y desigualdades responsables de que un niño, una niña, miles y millones de niños y niñas no tengan ni siquiera un mendrugo para llevarse a la boca.
¡Dejemos tranquilos a los locos! Porque si se revisan las estadísticas para establecer la tipología personal de los homicidas y criminales en toda laya, de seguro caeremos en la cuenta de que somos cuerdos, muy cuerdos, los responsables del orden de cosas. Tanto aquí como fuera de aquí. En el Comunismo como en el Capitalismo.
"La verdadera locura quizá no sea cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca".
Enrique Heine.
Las sociedades, sobre todo cuando entran en un período de descomposición, son muy dadas a buscar "chivos expiatorios" para culparlos por sus males.
Somos tan irresponsables que son excepcionales aquellos y aquellas que osan reconocer sus propios fallos, errores y defectos. Los culpables siempre serán los otros y las otras. Nunca nosotros ni nosotras mismas.
La sociedad, como sistema organizado para hacer creer a la gente que de veras es libre, aunque únicamente le permite expresar su individualidad en cosas de poca importancia y aceptables desde el punto de vista social, como dice un teórico del comportamiento humano, la sociedad, insisto, es una perfecta incubadora y propiciadora de injusticias.
Una de las más recientes es la que se ha intentado frente a los locos. Y locas también, por supuesto. Ahora resulta que son ellos y ellas unos de los principales responsables de la ola de violencia, crímenes y otras inmundicias que están socavando a la sociedad dominicana.
Pero no. Digo, en primera persona del singular, que los locos y las locas no tienen absolutamente nada que ver con tanta maldad humana, con tanto asco social. Ellos y ellas, en su mayoría, están tranquilos y tranquilas en los manicomios o en sus casas.
Prácticamente ninguno usa armas. De ningún tipo. Quienes sí andan armados y bien armados, hasta los dientes, son los dueños del poder político. Esos que tienen al mundo expuesto a un holocausto porque prefieren gastar más recursos en armas que en alimentos y en educación. Esos que se enriquecen a cómo dé lugar, mientras la mayoría de los habitantes de la Tierra prácticamente muere de hambre.
Esos que piden paz en oraciones y en declaraciones, mientras con sus hechos, en la cotidianidad, se encargan de fomentar las injusticias y desigualdades responsables de que un niño, una niña, miles y millones de niños y niñas no tengan ni siquiera un mendrugo para llevarse a la boca.
¡Dejemos tranquilos a los locos! Porque si se revisan las estadísticas para establecer la tipología personal de los homicidas y criminales en toda laya, de seguro caeremos en la cuenta de que somos cuerdos, muy cuerdos, los responsables del orden de cosas. Tanto aquí como fuera de aquí. En el Comunismo como en el Capitalismo.
sábado, 27 de octubre de 2007
Drogas, establishment y derechos humanos...
(Nota de la editora: Dada la tozudez de los dueños del poder, fabricantes de armas e industrias farmacéuticas incluidos, en persistir en su lucha, su combate, contra el tráfico de drogas ilegales, a pesar del ostensible fracaso, considero pertinente compartir el texto que copio más abajo, publicado por primera vez en Epistheme, sitio que edita mi amigo Tony de Moya. Buen provecho.)
epistheme
epistheme es un conjunto de medios multiples de comunicacion orientados hacia la gestion del conocimiento y del cambio sociocultural. Estos medios sirven de voz a una serie de comunidades epistemicas dominicanas y caribenas polisinteticas aglutinantes, interconexas y crecientes.
miércoles, junio 06, 2007
Noticias del Frente Ecologico 007
Niños de la calle
“Se prohibe prohibir”, filosofía libertaria
Por Elsa Expósito [1]
Conocí a Blanco, 13 años; Lindo, nueve, y Adolfito, 12, a mediados de julio de 1987, hace casi 19 años, de lo que se infiere, como datos elementales, que el primero debe andar hoy por los 32 años; el segundo por los 28; y el tercero, 31. Y me pasé varias horas con los tres en la avenida George Washington, incluso en la cueva del acantilado donde pernoctaban a orillas del Mar Caribe…“Blanco, Lindo y Adolfito se han hecho camaradas ‘de a verdad’”.La pobreza, el abandono, la intemperie y las drogas los han unido en una cotidianidad que los ha hecho adultos intempestivamente, con una violencia que les muerde la vida y les descuenta los años”, escribí en la entrada (lead, en la “neolengua” de Occidente, del establishment) del reportaje que redacté para el desaparecido vespertino Ultima Hora, donde entonces ejercía mi apostolado (porque el Periodismo- ya lo dijo José Martí- es tarea de apóstoles).
El reportaje, de 20 párrafos, trajo sendas semblanzas de los tres chicos, y en los dos finales escribí –me cito-: “Blanco, Lindo y Adolfito son, en conjunción, tres muestras de una realidad de abandono y de desprotección de la niñez en República Dominicana. Así como sus familias y su sociedad se lo han negado casi todo, los tres se les han negado a sus familias y a su sociedad. Hoy viven su inadaptación oliendo drogas en las calles de Santo Domingo y exhibiendo sus escuálidos cuerpos, sin que nadie los tome en cuenta. Posiblemente mañana, cuando su edad y su vicio hayan crecido, la sociedad repare en que Blanco, Lindo y Adolfito se han hecho delincuentes. Y hasta les cobre sus ‘delitos’ metiéndolos en la cárcel”.
Hoy –la historia se repite, ahora como tragedia-, los Blanco, Lindo y Adolfito andan por esas calles ¿de Dios?, los menos oliendo “cemento” y los más alienados y alienadas con el legal alcohol y las “ilegales” marihuana, cocaína, crack, heroína y éxtasis, mientras los encargados del orden público, en grandísimo número, andan armas en ristre, que no almas, muchos montados en una yipeta e incluso en un puesto de poder formal, policía, guardia, ministro o general, con “licencia constitucional” para llevarme a la cárcel si, eventualmente, me dejo contagiar por la “moral social” y me “robo” un semáforo en rojo para imitar al gendarme que hace lo propio. (“Como es arriba, es abajo”, por lo que no es de extrañar que en una sociedad que ha sido asaltada por sus “élites” gobernantes, las y los súbditos “cojan también lo suyo”.)
La sociedad, sus “fuerzas vivas”, está “paniqueada”, es decir, metida en pánico, como diría cualquier jevito o jevita enojados porque alguien le “tumbó la nota”.
Es tanto el miedo, el temor, que cualquiera puede ver una amenaza de agresión en un gesto de cortesía, como obviamente pensó una joven que iba a abordar el auto que me transportaba cuando cometí el “desliz” de abandonarlo para cederle mi asiento a fin de no molestarla cuando llegara a mi parada, menos de una cuadra después del lugar donde ella lo abordaría. De boca de la chica llovieron insultos dirigidos a mí por el simple hecho de haber sido cortés. Y no quiso montarse en el carro.
Pero no todo está perdido. El establishment anda buscando cura para el mal social expresado en tanta violencia… Barrio seguro, operativos policiales y militares, redadas y un largo etcétera para combatir la delincuencia, la violencia, asaltos, atracos, robos de celulares y de tenis.
Hasta consultas a presentadores de televisión y dirigentes partidarios para, por ejemplo, organizar un sistema para identificar a los motoristas –deberían hacer lo mismo para organizar un sistema de transporte público, “made in USA”, como el que opera Greyhound en el Nueva York , el grande, que no el chiquito que Leonel Fernández da notaciones de tener metido entre ceja y ceja-, tarea elemental cuya ejecución debe estar a cargo de una sarta de burócratas, civiles y militares, a quienes pagamos sueldos, en muchos casos lujosísimos para que prácticamente –por sus hechos los conoceréis- no hagan nada. Falso: sí hacen algo: dar declaraciones a troche y moche (el “declaracionismo”, entrevistas y más entrevistas, es para mí, uno de los vicios del reporterismo criollo) y, muchos de ellos y ellas, aparecer en cuñas de TV y radio, pagadas por el erario público, es decir, por las y los contribuyentes, para ponderar las “excelencias” de su ¿institución?
Incluso, en la presente gestión de gobierno, el presidente Leonel Fernández ha puesto trabas a las libertades de tránsito y de asociación y de reunión sin armas, con fines políticos, económicos, sociales, culturales o de cualquier otra índole, siempre que por su naturaleza no sean contrarias ni atentatorias al orden público, la seguridad nacional y las buenas costumbres.
Y lo hizo también cuando dispuso, administrativamente, horarios para la venta, en negocios autorizados legalmente, de bebidas alcohólicas, droga cuya ingesta es promovida, mañana, tarde, noche y madrugada, por el principal agente de socialización de virtualmente todo Occidente, mayormente en su Tercer Mundo, la TV, porque como ha sido documentado científicamente, el grueso de la gente se “educa” a través de las ondas hertzianas, a tal punto que los chicos y chicas de hoy parecen haber sido hechos en serie: vestimenta similar –gorras incluidas-, formas de bailar, cantar, etc.Y casi todos y todas imitan a los íconos de la cultura de masas: peloteros, futbolistas, cantantes, profundizando el inquietante fenómeno de la alienación humana característico de la seudo sociedad del conocimiento.
Pero el mal no está en la sábana, señores y señoras de los poderes “institucionales” y fácticos de este vapuleado pueblo. No. Las raíces del desbarajuste ético de esta sociedad vienen de viejo, aunque poca gente se enteró de que por ahí andaban –y andan- muchos Lindo, Blanco y Adolfito, producto de una sociedad injusta hasta la tambora que promueve el consumo, incluso de sexo, mientras sus iglesias, de todas las denominaciones, mantienen crucificado a Cristo, el Hacedor de este pequeño universo donde está la Tierra y viven prohibiéndolo todo, desde la anticoncepción responsable hasta que una criatura embarazada en una violación, a veces por su propio padre, interrumpa la preñez por recomendación sicológica.Y hasta física, porque ninguna niña tiene el cuerpo apto para la procreación, so pena de exponerse a riesgos mayores, incluso la muerte.
Hace años también había reparado en que vivíamos una situación de virtual anomia, a tal punto que en los 90 escribí para El Siglo, donde entonces laboraba, un artículo de opinión al respecto, en el que hice una virtual declaración de desobediencia civil cuando afirmé que si alguna patrulla policial o militar me mandaba a detener mi auto en el trayecto de la sede del diario a mi casa (lo hacía de madrugada, tras el cierre de edición), no me detendría porque sabía que guardias y policías andaban atracando protegidos por sus uniformes.
Luego documenté, en una investigación todavía inédita, sobre el uso y tráfico de drogas ilegales en República Dominicana que hice hacia 1995 para el programa de televisión “Contra viento y marea”, que agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas, militares y policías participaban en el negocio.
Para mi fortuna, el programa –escogimos, por consenso el nombre Contra viento y marea- liderado por Anita Ontiveros y entre cuyas investigadoras estuvieron, además, Nexcy de León, Sagrada Bujosa e Iris Rossi, nunca salió al aire, por razones que desconozco, aunque sospecho, sospechas que dejo en el tintero. Y digo para mi fortuna, porque la revelación de mis hallazgos en esta investigación, una de las más atrevidas y riesgosas que he realizado en mi ejercicio profesional, enojaría a la mafia de las drogas ilegales –porque las legales son promovidas por los medios de cultura de masas, principalmente (insisto a riesgo de parecer necia) la influyentísima y “formadora” televisión, hasta mediante mensajes subliminales (que influyen a la bestia, al inconsciente, sin que el consciente, el cerebro superior, se entere) que provocan disonancia cognitiva porque concomitantemente se incita a la gente a usarlas y se le dice que son dañinas para la salud. Y en su enojo, la delincuencia aquella –hay precedentes que lo confirman- sería capaz de aplicarme el aserto aquel: la mafia no perdona. Es que en la investigación confirmé mi premisa fundamental: que el narcotráfico tenía –y tiene- alicates en estructuras de poder social, económico y político, aquí, allá y acullá. Si así no fuere, tanta lucha, combate y persecución habrían erradicado el rentabilísimo negocio de las drogas prohibidas.
Años después de mi investigación, se destapó el caso Quirino, como sabe la sociedad dominicana, que vino a reconfirmar el hallazgo de mi investigación.
Porque conviene a los intereses que me han llevado a escribir estas líneas, copio abajo un artículo que escribí en febrero de 1996 –no recuerdo qué día y tampoco lo puse en el texto-, con la intención de publicarlo en uno de los vespertinos de entonces, propósito que no logré porque no pasó la censura. Para no hacer sentir mal al censor o a los censores prefiero omitir el nombre del diario, el que, por demás, es innecesario aquí y ahora porque lo que persigo es aguijonear a las y los líderes de esta ¿nación? en todas sus instancias de poder –medios de masas, gobierno central, Congreso, grupos patronales, sindicales y profesionales, para que de una vez por todas asuman sus respectivas responsabilidades...“Cuando la delincuencia gobierna...” fue el título del artículo que ahora comparto contigo:
“A mí los orates, lo mismo que las orates, siempre me han parecido encantadores. No hace mucho me he estado juntando con uno a quien escucho con serenidad y mucha tranquilidad. Y, sobre todo con muchos deseos de aprender. Es, para mí, el aprendizaje, una de las razones esenciales de la vida, de que carguemos todos los huesos que cargamos, lo mismo que toda la carne y el cerebro, pobre órgano tan en desuso en esta posmodernidad doliente, rompiente, mordiente para los espíritus sensibles.“Mis neuronas -no tengo duda alguna de que las cargo- a veces me traicionan y tienden a dispersar mi pensamiento. Pero mi razón -¿la tengo?- me reatrapa y se impone a mi ‘locura’.
Párrafos antes hablé de mi nuevo amigo el orate, a quien culpo por haberme puesto a reflexionar sobre la peligrosidad implícita en el supuesto de que la delincuencia llegue a gobernar una nación e, incluso, todo el mundo.
“Dado el anterior supuesto se pueden construir –y paso a hacerlo- varios escenarios. Primer escenario: La Policía encargada de velar por el orden público y la seguridad ciudadana está integrada por delincuentes. En semejante caso, ¿quién está seguro o segura? Me parece que únicamente las y los delincuentes, quienes, gracias a su poder de control y represión social, decidirán quién va a la cárcel y quién anda por las calles caminando libremente.
“Segundo escenario: los agentes responsables de combatir el tráfico de drogas ilegales (porque las legales son promovidas, incluso en horas en que se reputa una audiencia infantil, por las y los usufructuarios de las ondas hertzianas, una propiedad pública gracias a las cuales tú y yo podemos escuchar la radio y ver televisión) son delincuentes, caso en el cual es muy improbable que los auténticos narcotraficantes sean castigados con –valga este lugar común- todo el peso de la ley, por más severa que ésta sea.
“Así las cosas, creo que por la peligrosidad que subyace y vive en un eventual gobierno de delincuentes es que andan por ahí algunos teóricos del Derecho según quienes el mejor gobierno es que el que no existe. Porque para qué puede servir, sino es para dañar, un gobierno de la delincuencia.
“Mi amigo el orate de marras ha compartido conmigo otras reflexiones. Verbigracia: me ha dicho que es igualmente peligroso que gente insincera, mentirosa, inhumana, mezquina y amante, sobre todo, de los bienes materiales, ande dirigiendo iglesias, las que sean, y asumiéndose como representantes de Dios en esta Tierra tan maltratada por los seres humanos. Aquí pongo punto final, porque este tema, el de Dios y sus autoproclamados representantes, sirve para escribir otros párrafos...”
Bien… Pienso que regular, como se ha hecho con el alcohol y el tabaco, la venta de las ilegales parece la salida más sesuda para encarar –valga otro lugar común- el flagelo de las drogas, pero hay intereses muy poderosos –las industrias farmacéutica y de armamentos, verbigracia- capaces de invertir para evitar la regulación, en aras de defender sus intereses (lo hizo la industria de fármacos en Estados Unidos en 1937, cuando, en una campaña de marketing social aupada por la “moralina” de la iglesia logró que se declarase ilegal la marihuana, cannabis sativa, porque esta planta, como la hoja de coca, tiene propiedades de pastillas hechas en laboratorios y pueden ser cultivadas en nuestros propios patios y fincas, lo que conspiraría contra las industrias de las drogas químicas.
Por demás, la “doble moral burguesa” –tampoco la “proletaria”- no me luce muy calificada para andar prohibiendo absolutamente nada. Procede, eso sí, educar, no tan sólo a través de la cenicienta educación formal, sino y sobre todo, usando los medios electrónicos, para aportar a la construcción de valores de justicia y de ética.
Lamentablemente en este país no parece haber mucho interés en este tipo de educación, porque ni siquiera los “moralistas” enganchados al tren gubernamental hacen nada al respecto. Al contrario, lo suyo, comenzando por el presidente Leonel Fernández y su esposa, es la propaganda, incluyendo el autobombo, con recursos públicos, por supuesto.
A tal punto que una propuesta de educación para la ética y la ciudadanía cuyos términos de referencia entregué personalmente a Fernández hace “añales” ha merecido “el caso del perro”.
Es que la “ética” gubernamental, lo mismo que la social (“como es arriba, es abajo”) prevaleciente está empeñada sobre todo en prohibir, aunque se violenten derechos humanos, y en convencer a este vapuleado pueblo de que el inquilino del Palacio Nacional y su señora esposa son “la última coca-cola del desierto”. Y que sin el mandatario en el Palacio se hunde este país, arde Troya o nos vamos por el derricadero, mientras los postulados peledeístas de organización y disciplina –y el mismo programa de gobierno del PLD-, andan por alguna gaveta, a pesar de que la violencia ha devenido sistémica, aquí - igual que allá y acullá-, a contramano de barrios seguros, “solidaridad”, combate, operativos y luchas contra grandes lacras sociales y otras iniciativas ¿redentoras?
*Nota: La autora ha sido y es una de las principales mujeres dominicanas luchadoras incansables por la ética profesional y la libertad de expresión en la comunicación social del país en las últimas décadas. Por su verticalidad y combatividad, sin dudas, ha sido la comunicadora más censurada en la historia del periodismo nacional. La reunión de sus artículos excluidos de casi todos los diarios nacionales por los que ha pasado serían suficientes para publicar varios libros que desnudan los secretos y desverguenzas de la divina tragedia del ejercicio del poder en nuestro pais. Epistheme agradece infinitamente a Elsa esta desinteresada colaboración, y hace votos porque sus incisivos artículos puedan llegarnos más frecuentemente a través de este medio, donde, por principio, jamás será censurada. Yaguarix
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miércoles, junio 06, 2007
Noticias del Frente Ecologico 007
Niños de la calle
“Se prohibe prohibir”, filosofía libertaria
Por Elsa Expósito [1]
Conocí a Blanco, 13 años; Lindo, nueve, y Adolfito, 12, a mediados de julio de 1987, hace casi 19 años, de lo que se infiere, como datos elementales, que el primero debe andar hoy por los 32 años; el segundo por los 28; y el tercero, 31. Y me pasé varias horas con los tres en la avenida George Washington, incluso en la cueva del acantilado donde pernoctaban a orillas del Mar Caribe…“Blanco, Lindo y Adolfito se han hecho camaradas ‘de a verdad’”.La pobreza, el abandono, la intemperie y las drogas los han unido en una cotidianidad que los ha hecho adultos intempestivamente, con una violencia que les muerde la vida y les descuenta los años”, escribí en la entrada (lead, en la “neolengua” de Occidente, del establishment) del reportaje que redacté para el desaparecido vespertino Ultima Hora, donde entonces ejercía mi apostolado (porque el Periodismo- ya lo dijo José Martí- es tarea de apóstoles).
El reportaje, de 20 párrafos, trajo sendas semblanzas de los tres chicos, y en los dos finales escribí –me cito-: “Blanco, Lindo y Adolfito son, en conjunción, tres muestras de una realidad de abandono y de desprotección de la niñez en República Dominicana. Así como sus familias y su sociedad se lo han negado casi todo, los tres se les han negado a sus familias y a su sociedad. Hoy viven su inadaptación oliendo drogas en las calles de Santo Domingo y exhibiendo sus escuálidos cuerpos, sin que nadie los tome en cuenta. Posiblemente mañana, cuando su edad y su vicio hayan crecido, la sociedad repare en que Blanco, Lindo y Adolfito se han hecho delincuentes. Y hasta les cobre sus ‘delitos’ metiéndolos en la cárcel”.
Hoy –la historia se repite, ahora como tragedia-, los Blanco, Lindo y Adolfito andan por esas calles ¿de Dios?, los menos oliendo “cemento” y los más alienados y alienadas con el legal alcohol y las “ilegales” marihuana, cocaína, crack, heroína y éxtasis, mientras los encargados del orden público, en grandísimo número, andan armas en ristre, que no almas, muchos montados en una yipeta e incluso en un puesto de poder formal, policía, guardia, ministro o general, con “licencia constitucional” para llevarme a la cárcel si, eventualmente, me dejo contagiar por la “moral social” y me “robo” un semáforo en rojo para imitar al gendarme que hace lo propio. (“Como es arriba, es abajo”, por lo que no es de extrañar que en una sociedad que ha sido asaltada por sus “élites” gobernantes, las y los súbditos “cojan también lo suyo”.)
La sociedad, sus “fuerzas vivas”, está “paniqueada”, es decir, metida en pánico, como diría cualquier jevito o jevita enojados porque alguien le “tumbó la nota”.
Es tanto el miedo, el temor, que cualquiera puede ver una amenaza de agresión en un gesto de cortesía, como obviamente pensó una joven que iba a abordar el auto que me transportaba cuando cometí el “desliz” de abandonarlo para cederle mi asiento a fin de no molestarla cuando llegara a mi parada, menos de una cuadra después del lugar donde ella lo abordaría. De boca de la chica llovieron insultos dirigidos a mí por el simple hecho de haber sido cortés. Y no quiso montarse en el carro.
Pero no todo está perdido. El establishment anda buscando cura para el mal social expresado en tanta violencia… Barrio seguro, operativos policiales y militares, redadas y un largo etcétera para combatir la delincuencia, la violencia, asaltos, atracos, robos de celulares y de tenis.
Hasta consultas a presentadores de televisión y dirigentes partidarios para, por ejemplo, organizar un sistema para identificar a los motoristas –deberían hacer lo mismo para organizar un sistema de transporte público, “made in USA”, como el que opera Greyhound en el Nueva York , el grande, que no el chiquito que Leonel Fernández da notaciones de tener metido entre ceja y ceja-, tarea elemental cuya ejecución debe estar a cargo de una sarta de burócratas, civiles y militares, a quienes pagamos sueldos, en muchos casos lujosísimos para que prácticamente –por sus hechos los conoceréis- no hagan nada. Falso: sí hacen algo: dar declaraciones a troche y moche (el “declaracionismo”, entrevistas y más entrevistas, es para mí, uno de los vicios del reporterismo criollo) y, muchos de ellos y ellas, aparecer en cuñas de TV y radio, pagadas por el erario público, es decir, por las y los contribuyentes, para ponderar las “excelencias” de su ¿institución?
Incluso, en la presente gestión de gobierno, el presidente Leonel Fernández ha puesto trabas a las libertades de tránsito y de asociación y de reunión sin armas, con fines políticos, económicos, sociales, culturales o de cualquier otra índole, siempre que por su naturaleza no sean contrarias ni atentatorias al orden público, la seguridad nacional y las buenas costumbres.
Y lo hizo también cuando dispuso, administrativamente, horarios para la venta, en negocios autorizados legalmente, de bebidas alcohólicas, droga cuya ingesta es promovida, mañana, tarde, noche y madrugada, por el principal agente de socialización de virtualmente todo Occidente, mayormente en su Tercer Mundo, la TV, porque como ha sido documentado científicamente, el grueso de la gente se “educa” a través de las ondas hertzianas, a tal punto que los chicos y chicas de hoy parecen haber sido hechos en serie: vestimenta similar –gorras incluidas-, formas de bailar, cantar, etc.Y casi todos y todas imitan a los íconos de la cultura de masas: peloteros, futbolistas, cantantes, profundizando el inquietante fenómeno de la alienación humana característico de la seudo sociedad del conocimiento.
Pero el mal no está en la sábana, señores y señoras de los poderes “institucionales” y fácticos de este vapuleado pueblo. No. Las raíces del desbarajuste ético de esta sociedad vienen de viejo, aunque poca gente se enteró de que por ahí andaban –y andan- muchos Lindo, Blanco y Adolfito, producto de una sociedad injusta hasta la tambora que promueve el consumo, incluso de sexo, mientras sus iglesias, de todas las denominaciones, mantienen crucificado a Cristo, el Hacedor de este pequeño universo donde está la Tierra y viven prohibiéndolo todo, desde la anticoncepción responsable hasta que una criatura embarazada en una violación, a veces por su propio padre, interrumpa la preñez por recomendación sicológica.Y hasta física, porque ninguna niña tiene el cuerpo apto para la procreación, so pena de exponerse a riesgos mayores, incluso la muerte.
Hace años también había reparado en que vivíamos una situación de virtual anomia, a tal punto que en los 90 escribí para El Siglo, donde entonces laboraba, un artículo de opinión al respecto, en el que hice una virtual declaración de desobediencia civil cuando afirmé que si alguna patrulla policial o militar me mandaba a detener mi auto en el trayecto de la sede del diario a mi casa (lo hacía de madrugada, tras el cierre de edición), no me detendría porque sabía que guardias y policías andaban atracando protegidos por sus uniformes.
Luego documenté, en una investigación todavía inédita, sobre el uso y tráfico de drogas ilegales en República Dominicana que hice hacia 1995 para el programa de televisión “Contra viento y marea”, que agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas, militares y policías participaban en el negocio.
Para mi fortuna, el programa –escogimos, por consenso el nombre Contra viento y marea- liderado por Anita Ontiveros y entre cuyas investigadoras estuvieron, además, Nexcy de León, Sagrada Bujosa e Iris Rossi, nunca salió al aire, por razones que desconozco, aunque sospecho, sospechas que dejo en el tintero. Y digo para mi fortuna, porque la revelación de mis hallazgos en esta investigación, una de las más atrevidas y riesgosas que he realizado en mi ejercicio profesional, enojaría a la mafia de las drogas ilegales –porque las legales son promovidas por los medios de cultura de masas, principalmente (insisto a riesgo de parecer necia) la influyentísima y “formadora” televisión, hasta mediante mensajes subliminales (que influyen a la bestia, al inconsciente, sin que el consciente, el cerebro superior, se entere) que provocan disonancia cognitiva porque concomitantemente se incita a la gente a usarlas y se le dice que son dañinas para la salud. Y en su enojo, la delincuencia aquella –hay precedentes que lo confirman- sería capaz de aplicarme el aserto aquel: la mafia no perdona. Es que en la investigación confirmé mi premisa fundamental: que el narcotráfico tenía –y tiene- alicates en estructuras de poder social, económico y político, aquí, allá y acullá. Si así no fuere, tanta lucha, combate y persecución habrían erradicado el rentabilísimo negocio de las drogas prohibidas.
Años después de mi investigación, se destapó el caso Quirino, como sabe la sociedad dominicana, que vino a reconfirmar el hallazgo de mi investigación.
Porque conviene a los intereses que me han llevado a escribir estas líneas, copio abajo un artículo que escribí en febrero de 1996 –no recuerdo qué día y tampoco lo puse en el texto-, con la intención de publicarlo en uno de los vespertinos de entonces, propósito que no logré porque no pasó la censura. Para no hacer sentir mal al censor o a los censores prefiero omitir el nombre del diario, el que, por demás, es innecesario aquí y ahora porque lo que persigo es aguijonear a las y los líderes de esta ¿nación? en todas sus instancias de poder –medios de masas, gobierno central, Congreso, grupos patronales, sindicales y profesionales, para que de una vez por todas asuman sus respectivas responsabilidades...“Cuando la delincuencia gobierna...” fue el título del artículo que ahora comparto contigo:
“A mí los orates, lo mismo que las orates, siempre me han parecido encantadores. No hace mucho me he estado juntando con uno a quien escucho con serenidad y mucha tranquilidad. Y, sobre todo con muchos deseos de aprender. Es, para mí, el aprendizaje, una de las razones esenciales de la vida, de que carguemos todos los huesos que cargamos, lo mismo que toda la carne y el cerebro, pobre órgano tan en desuso en esta posmodernidad doliente, rompiente, mordiente para los espíritus sensibles.“Mis neuronas -no tengo duda alguna de que las cargo- a veces me traicionan y tienden a dispersar mi pensamiento. Pero mi razón -¿la tengo?- me reatrapa y se impone a mi ‘locura’.
Párrafos antes hablé de mi nuevo amigo el orate, a quien culpo por haberme puesto a reflexionar sobre la peligrosidad implícita en el supuesto de que la delincuencia llegue a gobernar una nación e, incluso, todo el mundo.
“Dado el anterior supuesto se pueden construir –y paso a hacerlo- varios escenarios. Primer escenario: La Policía encargada de velar por el orden público y la seguridad ciudadana está integrada por delincuentes. En semejante caso, ¿quién está seguro o segura? Me parece que únicamente las y los delincuentes, quienes, gracias a su poder de control y represión social, decidirán quién va a la cárcel y quién anda por las calles caminando libremente.
“Segundo escenario: los agentes responsables de combatir el tráfico de drogas ilegales (porque las legales son promovidas, incluso en horas en que se reputa una audiencia infantil, por las y los usufructuarios de las ondas hertzianas, una propiedad pública gracias a las cuales tú y yo podemos escuchar la radio y ver televisión) son delincuentes, caso en el cual es muy improbable que los auténticos narcotraficantes sean castigados con –valga este lugar común- todo el peso de la ley, por más severa que ésta sea.
“Así las cosas, creo que por la peligrosidad que subyace y vive en un eventual gobierno de delincuentes es que andan por ahí algunos teóricos del Derecho según quienes el mejor gobierno es que el que no existe. Porque para qué puede servir, sino es para dañar, un gobierno de la delincuencia.
“Mi amigo el orate de marras ha compartido conmigo otras reflexiones. Verbigracia: me ha dicho que es igualmente peligroso que gente insincera, mentirosa, inhumana, mezquina y amante, sobre todo, de los bienes materiales, ande dirigiendo iglesias, las que sean, y asumiéndose como representantes de Dios en esta Tierra tan maltratada por los seres humanos. Aquí pongo punto final, porque este tema, el de Dios y sus autoproclamados representantes, sirve para escribir otros párrafos...”
Bien… Pienso que regular, como se ha hecho con el alcohol y el tabaco, la venta de las ilegales parece la salida más sesuda para encarar –valga otro lugar común- el flagelo de las drogas, pero hay intereses muy poderosos –las industrias farmacéutica y de armamentos, verbigracia- capaces de invertir para evitar la regulación, en aras de defender sus intereses (lo hizo la industria de fármacos en Estados Unidos en 1937, cuando, en una campaña de marketing social aupada por la “moralina” de la iglesia logró que se declarase ilegal la marihuana, cannabis sativa, porque esta planta, como la hoja de coca, tiene propiedades de pastillas hechas en laboratorios y pueden ser cultivadas en nuestros propios patios y fincas, lo que conspiraría contra las industrias de las drogas químicas.
Por demás, la “doble moral burguesa” –tampoco la “proletaria”- no me luce muy calificada para andar prohibiendo absolutamente nada. Procede, eso sí, educar, no tan sólo a través de la cenicienta educación formal, sino y sobre todo, usando los medios electrónicos, para aportar a la construcción de valores de justicia y de ética.
Lamentablemente en este país no parece haber mucho interés en este tipo de educación, porque ni siquiera los “moralistas” enganchados al tren gubernamental hacen nada al respecto. Al contrario, lo suyo, comenzando por el presidente Leonel Fernández y su esposa, es la propaganda, incluyendo el autobombo, con recursos públicos, por supuesto.
A tal punto que una propuesta de educación para la ética y la ciudadanía cuyos términos de referencia entregué personalmente a Fernández hace “añales” ha merecido “el caso del perro”.
Es que la “ética” gubernamental, lo mismo que la social (“como es arriba, es abajo”) prevaleciente está empeñada sobre todo en prohibir, aunque se violenten derechos humanos, y en convencer a este vapuleado pueblo de que el inquilino del Palacio Nacional y su señora esposa son “la última coca-cola del desierto”. Y que sin el mandatario en el Palacio se hunde este país, arde Troya o nos vamos por el derricadero, mientras los postulados peledeístas de organización y disciplina –y el mismo programa de gobierno del PLD-, andan por alguna gaveta, a pesar de que la violencia ha devenido sistémica, aquí - igual que allá y acullá-, a contramano de barrios seguros, “solidaridad”, combate, operativos y luchas contra grandes lacras sociales y otras iniciativas ¿redentoras?
*Nota: La autora ha sido y es una de las principales mujeres dominicanas luchadoras incansables por la ética profesional y la libertad de expresión en la comunicación social del país en las últimas décadas. Por su verticalidad y combatividad, sin dudas, ha sido la comunicadora más censurada en la historia del periodismo nacional. La reunión de sus artículos excluidos de casi todos los diarios nacionales por los que ha pasado serían suficientes para publicar varios libros que desnudan los secretos y desverguenzas de la divina tragedia del ejercicio del poder en nuestro pais. Epistheme agradece infinitamente a Elsa esta desinteresada colaboración, y hace votos porque sus incisivos artículos puedan llegarnos más frecuentemente a través de este medio, donde, por principio, jamás será censurada. Yaguarix
domingo, 7 de octubre de 2007
El Che, de hombre a icono de camisetas
(Nota de la editora: Artículo tomado de la edición de este domingo de Periodista Digital.)
Archivado en Cuba, Argentina
(PD)-. Dentro de la jerga entre los jóvenes de Argentina existe una frase con una rima casi perfecta en español: “Tengo una remera (camiseta) del Che, y no sé por qué”. Bolivia ya inició la conmemoración de los 40 años de la muerte del revolucionario marxista de origen argentino.
En un completo artículo sobre esta efeméride, el diario peruano El Comercio cuenta que los actos oficiales, caravanas, debates y caminatas turísticas a La Higuera -la aldea donde fue ametrallado, el 9 de octubre de 1967-, se sumarán a un pequeño campeonato de fútbol y una ceremonia religiosa en la que se anunciará su “resurrección”.
La socióloga y periodista colombiana Adriana Mariño cita, en el diario latinoamericano El Comercio, la relfexión de uno de sus habitantes en la edición número 68 de la revista Gatopardo.
Muchos dicen que es san Che Guevara.
Che el producto
Uno de los aspectos que más llaman la atención es el empleo de su efigie para reivindicaciones sociales. Convertir al hombre en un icono genera división de opiniones.
Alberto Granado, el amigo de la juventud de Guevara, dice que la presencia del Che en camisetas, para los jóvenes es una forma para molestar a sus padres, que no han hecho nada por construir un mundo mejor”, declaró en un reciente documental.
El escritor Humberto Fontova, que este año lanzó el libro ‘Mostrando al Che Guevara real y los idiotas útiles que lo idolatran´, también documenta otras polémicas citas del Che, como su afirmación de que los negros son “ociosos e indolentes”. A pesar de todo esto, siguen proliferando las marcas y artículos que utilizan su figura.
Sospechoso de terrorismo
En medio de los cientos de homenajes, existen varios autores que cuestionan seriamente el culto a su icono, argumentando que existe una inconsistencia entre las acciones y la forma de ser de Ernesto Guevara y lo que proclaman quienes tienen su imagen como estandarte.
Para citar un ejemplo, la página de Internet de la Universidad Internacional de Florida publica un análisis del activista cubano John Suárez, ‘El dudoso legado del Che Guevara’.
Ahí critica el hecho de que la actriz estadounidense Angelina Jolie llevase un tatuaje con la imagen del guerrillero mientras hablaba contra la violencia en el mundo, en su función de Embajadora de Buena Voluntad de la ONU.
Seguramente la estrella de Hollywood, afirma Suárez, ignora que, según varios datos del FBI, Guevara estuvo detrás de dos atentados fallidos en Nueva York, en 1962 y 1964. Esto sin contar lo que Vargas Llosa cita como un resumen de su “idea homicida de la justicia”, revelada por él mismo durante su ‘Mensaje a la Tricontinental’ en 1967:
El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar.
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Archivado en Cuba, Argentina
(PD)-. Dentro de la jerga entre los jóvenes de Argentina existe una frase con una rima casi perfecta en español: “Tengo una remera (camiseta) del Che, y no sé por qué”. Bolivia ya inició la conmemoración de los 40 años de la muerte del revolucionario marxista de origen argentino.
En un completo artículo sobre esta efeméride, el diario peruano El Comercio cuenta que los actos oficiales, caravanas, debates y caminatas turísticas a La Higuera -la aldea donde fue ametrallado, el 9 de octubre de 1967-, se sumarán a un pequeño campeonato de fútbol y una ceremonia religiosa en la que se anunciará su “resurrección”.
La socióloga y periodista colombiana Adriana Mariño cita, en el diario latinoamericano El Comercio, la relfexión de uno de sus habitantes en la edición número 68 de la revista Gatopardo.
Muchos dicen que es san Che Guevara.
Che el producto
Uno de los aspectos que más llaman la atención es el empleo de su efigie para reivindicaciones sociales. Convertir al hombre en un icono genera división de opiniones.
Alberto Granado, el amigo de la juventud de Guevara, dice que la presencia del Che en camisetas, para los jóvenes es una forma para molestar a sus padres, que no han hecho nada por construir un mundo mejor”, declaró en un reciente documental.
El escritor Humberto Fontova, que este año lanzó el libro ‘Mostrando al Che Guevara real y los idiotas útiles que lo idolatran´, también documenta otras polémicas citas del Che, como su afirmación de que los negros son “ociosos e indolentes”. A pesar de todo esto, siguen proliferando las marcas y artículos que utilizan su figura.
Sospechoso de terrorismo
En medio de los cientos de homenajes, existen varios autores que cuestionan seriamente el culto a su icono, argumentando que existe una inconsistencia entre las acciones y la forma de ser de Ernesto Guevara y lo que proclaman quienes tienen su imagen como estandarte.
Para citar un ejemplo, la página de Internet de la Universidad Internacional de Florida publica un análisis del activista cubano John Suárez, ‘El dudoso legado del Che Guevara’.
Ahí critica el hecho de que la actriz estadounidense Angelina Jolie llevase un tatuaje con la imagen del guerrillero mientras hablaba contra la violencia en el mundo, en su función de Embajadora de Buena Voluntad de la ONU.
Seguramente la estrella de Hollywood, afirma Suárez, ignora que, según varios datos del FBI, Guevara estuvo detrás de dos atentados fallidos en Nueva York, en 1962 y 1964. Esto sin contar lo que Vargas Llosa cita como un resumen de su “idea homicida de la justicia”, revelada por él mismo durante su ‘Mensaje a la Tricontinental’ en 1967:
El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar.
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"Che" histórico, el místico y el comercial conviven en Vallegrande
(Nota de la editora: Crónica tomada del periódico digital 7dias.com.do)
Por Javier Aliaga
VALLEGRANDE (Bolivia), 7 oct (EFE).- Las tres caras del guerrillero argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara, la histórica, la mística y la comercial, conviven hoy en Vallegrande, donde se conmemoran los 40 años de su muerte en estas tierras del sureste de Bolivia.
Desde hace días "guevaristas" de varios países están reunidos en esta población situada a 779 kilómetros de La Paz, para ratificar su admiración por el icono guerrillero que en octubre de 1967 fue derrotado y asesinado por el Ejército de Bolivia, ayudado por agentes estadounidenses.
Vallegrande, que habitualmente vive el sopor típico de los pueblos de Bolivia, ha resucitado con la presencia de los seguidores del "Che", cuya imagen preside foros políticos, unos formales y otros nostálgicos.
El muy publicitado rostro del "Che" se materializa en carteles, camisetas, cigarreras y tazas, pero algunos también le prenden velas, como a un santo.
En las calles de esta pequeña localidad, de apenas 7.000 habitantes, incluso se venden pequeños frascos que supuestamente tienen la "tierra que pisó el Che" durante su marcha guerrillera de 1966 y 1967, cuando pretendía crear "uno, dos, tres Vietnam", comenzando en Bolivia.
Casi nadie escapa a la dinámica económica de esta feria de los sentidos para los seguidores del rebelde, e incluso los testigos de sus últimos días con vida en la zona, tanto reales como presuntos, piden pequeñas propinas a los informadores para desgranar sus viejas historias.
Guevara fue capturado en la llamada quebrada del Churo el 8 de octubre de 1967, asesinado un día después en el caserío de La Higuera, a unos 60 kilómetros de Vallegrande, y su cuerpo trasladado en los patines de un helicóptero hasta este lugar para ser exhibido como escarnio.
Cuarenta años después de aquellos violentos sucesos, su imagen sigue siendo motivo de culto en Bolivia, donde sus restos estuvieron enterrados en secreto durante treinta años, hasta su descubrimiento en 1997 en la pista área de Vallegrande, junto con los de otros guerrilleros.
El periodista boliviano Carlos Soria Galvarro, quien hizo una de las mayores recopilaciones de documentos sobre el "Che", y que llegó este fin de semana a Vallegrande para presentar sus libros, explicó a Efe que se puede hablar de un "Che histórico" y de un "Che mítico".
Paradójicamente, según Soria Galvarro, fueron los militares bolivianos quienes alimentaron esa segunda imagen del combatiente al cercenarle las manos, exhibir su cadáver y luego ocultar sus restos durante tres décadas.
También contribuyeron la celebre fotografía del rostro del guerrillero que le tomó en vida Alberto Korda en 1960, así como la de su cadáver, tendido sobre la lavandería de un hospital, con los ojos abiertos, del boliviano Freddy Alborta.
"En alguna parte de esta región el mito también se alimenta de creencias religiosas, cuando se le pone una vela a la almita del 'Che' para pedirle favores", dijo Soria Galvarro.
El senador boliviano Antonio Peredo, cuyos hermanos menores Coco e Inti combatieron junto al Che en esta zona, declaró a Efe que, además de los aspectos históricos, míticos y religiosos, Guevara aún vive "en la lucha por la liberación de los pueblos, por la construcción de un hombre nuevo".
Peredo reconoce que los mitos no tienen límites, porque un dentista en La Paz asegura que tiene una muela del "Che", otra persona jura que le dejó su maletín de médico, una más dice que le alquiló una casa y que pagaba puntualmente el alquiler, y un médico de la ciudad amazónica de Trinidad se ufana de que operó junto a Guevara.
"El mito pasa a ser parte de esa historia porque refleja ese sentimiento de relación de la gente con un hombre de la altura del 'Che'", explicó Peredo, político cercano al presidente boliviano, Evo Morales, cuya visita a Vallegrande está prevista para mañana.
También hay quienes, en medio de la vorágine publicitaria y comercial de estas fechas alrededor del "Che", dicen que callan para no contribuir al deterioro de su imagen, aunque le ratifican su devoción.
"Ernesto se me reveló una noche. Me dijo: 'Dora cállate, no hables más'. Eso por el negocio que se está haciendo con la vida de este hombre", dijo Dora Cárdenas, vallegrandina que solía dar entrevistas sobre su culto religioso al "Che", pero ahora las rechaza.
En otra vereda está la joven universitaria argentina Florencia Dahbar, de 18 años, que opina que ver al "Che" como algo excepcional, "como un Robin Hood", es ir contra su pensamiento y sacarlo de la realidad.
"Lo que tenemos que hacer es bajarlo a la realidad y pensar que fue un hombre común, como nosotros, con un compromiso real con los pueblos, y no creer que fue un romántico o un aventurero", apuntó esta joven que estudia medicina, como en su tiempo el "Che".
Por Javier Aliaga
VALLEGRANDE (Bolivia), 7 oct (EFE).- Las tres caras del guerrillero argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara, la histórica, la mística y la comercial, conviven hoy en Vallegrande, donde se conmemoran los 40 años de su muerte en estas tierras del sureste de Bolivia.
Desde hace días "guevaristas" de varios países están reunidos en esta población situada a 779 kilómetros de La Paz, para ratificar su admiración por el icono guerrillero que en octubre de 1967 fue derrotado y asesinado por el Ejército de Bolivia, ayudado por agentes estadounidenses.
Vallegrande, que habitualmente vive el sopor típico de los pueblos de Bolivia, ha resucitado con la presencia de los seguidores del "Che", cuya imagen preside foros políticos, unos formales y otros nostálgicos.
El muy publicitado rostro del "Che" se materializa en carteles, camisetas, cigarreras y tazas, pero algunos también le prenden velas, como a un santo.
En las calles de esta pequeña localidad, de apenas 7.000 habitantes, incluso se venden pequeños frascos que supuestamente tienen la "tierra que pisó el Che" durante su marcha guerrillera de 1966 y 1967, cuando pretendía crear "uno, dos, tres Vietnam", comenzando en Bolivia.
Casi nadie escapa a la dinámica económica de esta feria de los sentidos para los seguidores del rebelde, e incluso los testigos de sus últimos días con vida en la zona, tanto reales como presuntos, piden pequeñas propinas a los informadores para desgranar sus viejas historias.
Guevara fue capturado en la llamada quebrada del Churo el 8 de octubre de 1967, asesinado un día después en el caserío de La Higuera, a unos 60 kilómetros de Vallegrande, y su cuerpo trasladado en los patines de un helicóptero hasta este lugar para ser exhibido como escarnio.
Cuarenta años después de aquellos violentos sucesos, su imagen sigue siendo motivo de culto en Bolivia, donde sus restos estuvieron enterrados en secreto durante treinta años, hasta su descubrimiento en 1997 en la pista área de Vallegrande, junto con los de otros guerrilleros.
El periodista boliviano Carlos Soria Galvarro, quien hizo una de las mayores recopilaciones de documentos sobre el "Che", y que llegó este fin de semana a Vallegrande para presentar sus libros, explicó a Efe que se puede hablar de un "Che histórico" y de un "Che mítico".
Paradójicamente, según Soria Galvarro, fueron los militares bolivianos quienes alimentaron esa segunda imagen del combatiente al cercenarle las manos, exhibir su cadáver y luego ocultar sus restos durante tres décadas.
También contribuyeron la celebre fotografía del rostro del guerrillero que le tomó en vida Alberto Korda en 1960, así como la de su cadáver, tendido sobre la lavandería de un hospital, con los ojos abiertos, del boliviano Freddy Alborta.
"En alguna parte de esta región el mito también se alimenta de creencias religiosas, cuando se le pone una vela a la almita del 'Che' para pedirle favores", dijo Soria Galvarro.
El senador boliviano Antonio Peredo, cuyos hermanos menores Coco e Inti combatieron junto al Che en esta zona, declaró a Efe que, además de los aspectos históricos, míticos y religiosos, Guevara aún vive "en la lucha por la liberación de los pueblos, por la construcción de un hombre nuevo".
Peredo reconoce que los mitos no tienen límites, porque un dentista en La Paz asegura que tiene una muela del "Che", otra persona jura que le dejó su maletín de médico, una más dice que le alquiló una casa y que pagaba puntualmente el alquiler, y un médico de la ciudad amazónica de Trinidad se ufana de que operó junto a Guevara.
"El mito pasa a ser parte de esa historia porque refleja ese sentimiento de relación de la gente con un hombre de la altura del 'Che'", explicó Peredo, político cercano al presidente boliviano, Evo Morales, cuya visita a Vallegrande está prevista para mañana.
También hay quienes, en medio de la vorágine publicitaria y comercial de estas fechas alrededor del "Che", dicen que callan para no contribuir al deterioro de su imagen, aunque le ratifican su devoción.
"Ernesto se me reveló una noche. Me dijo: 'Dora cállate, no hables más'. Eso por el negocio que se está haciendo con la vida de este hombre", dijo Dora Cárdenas, vallegrandina que solía dar entrevistas sobre su culto religioso al "Che", pero ahora las rechaza.
En otra vereda está la joven universitaria argentina Florencia Dahbar, de 18 años, que opina que ver al "Che" como algo excepcional, "como un Robin Hood", es ir contra su pensamiento y sacarlo de la realidad.
"Lo que tenemos que hacer es bajarlo a la realidad y pensar que fue un hombre común, como nosotros, con un compromiso real con los pueblos, y no creer que fue un romántico o un aventurero", apuntó esta joven que estudia medicina, como en su tiempo el "Che".
jueves, 4 de octubre de 2007
Ruidos y vulgarización
(Nota de la editora: Escribí este artículo hace doce años para el desaparecido diario El Siglo, que lo publicó el 30 de octubre de 1995. Lejos de influir a quienes tienen responsabilidad en la generación de ruidos y en su regulación, trátese de instancias públicas o privadas, la advertencia implícita en mi reflexión no parece haber surtido efecto, por cuanto, aquí y ahora, la pandemia ruidosa que taladra el alma nacional y provoca enfermedades diversas se ha expandido y nuestra sociedad es cada vez más bulliciosa, con todas las secuelas negativas físicas como psíquicas que provocan los ruidos.)
Por Elsa Expósito
Hay, en nuestra sociedad, expresiones de vulgarización escandalosas. Es como si hubiésemos perdido el sentido estético, como si la libertad personal, el respeto a las diferencias, la tolerancia frente a ellas, constituyesen licencias para la vulgarización de la existencia, para en buen español dominicano, la "cualquierización" de la vida.
Parecería que somos incapaces para buscar el justo, el preciso equilibrio, entre las actitudes y comportamientos autoritarios, intolerantes, y la tolerancia y la libertad personal.La "música" de moda hoy aquí es, sin ninguna duda, una de las más connotadas expresiones de la vulgarización, del mal gusto, de la vida dominicana de hoy. Y del bullicio. Si antes no lo hubiese entendido, lo que hoy pasa en esta tierra, musicalmente hablando, habría sido más que suficiente para comprender a Hermann Hess cuando habla acerca de la música como elemento para conocer a un pueblo, para adentrarnos en el alma de una nación.
Los ruidos, comenzando por el que divulgan el grueso de las radiodifusoras y televisoras de esta nación bajo el nombre de "música" popular, nos están enfermando. (No hablo de sus letras porque se trata de un tema aparte, en el que hay muchísimas alforjas que recortar). Y parece que no nos damos cuenta.Es como si la gente hubiese perdido un sentido, el importantísimo oído. No hablamos, gritamos, pero no parece que nos demos cuenta.
La ciudad está llena de ruidos, de bullicio. Y hasta en los hogares, en muchos hogares, la gente no se habla, se grita. Y como los gritos obstaculizan la comunicación, difícilmente puede haber comunicación entre una madre, un padre y sus hijas y sus hijos acostumbrados a gritarse.
Salga usted a la calle, pero prepárese antes porque se arriesga, con creces, a enfermar su oído, con todas las secuelas negativas de esa enfermedad. Como en la calle anda tanta gente que tiene el oído enfermo, porque lo dañó exponiéndolo a una carga de decibeles mayor a la que él podía soportar, la población no sabe hablar quedo, bajito. No. Se comunica a gritos, oye "música" para que los otros y las otras también la escuchen y no hay forma de que te respeten tu oído sano. No, también quieren enfermarte el tuyo.
La radio, la televisión, las bocinas de los automóviles públicos y privados y en hogares y "colmadones", las ambiciones alocadas se confabulan para parir ruídos, para agredir nuestro oído, con todo y las coyunturales campañas de la Policía y los aspavientos teatrales, de ocasión, como para estar en la "onda" noticiosa, de gente de periódicos, de la televisión y de la radiodifusión.
Y otro ruido, altamente peligroso, el que sale del arma de fuego asesina cuyo gatillo fue apretado por un ser humano habitante de esta ruidosa e insoportable Santo Domingo.Como según las Ciencias Médicas, los ruidos dañan la salud, incluyendo el sistema nervioso, el equilibrio emocional y hasta la tan preciada "virilidad" masculina (no hay aguacate que valga), creo de altísimo interés iniciar una campaña nacional, bien planificada, conforme las técnicas del mercadeo social, para enfrentar el bullicio.
La gente ecologista de este país y los medios de información social, principalmente la radio y la televisión, bien podrían planificar, confeccionar y difundir esta campaña. La embajada de Francia, nación donde hace muchos años se hizo una campaña de mercadeo social para obligar a los y las automovilistas a no tocar las bocinas de us autos a menos que fuese necesariamente obligado para evitar un accidente, podría dar la mano en este proyecto, simplemente ofreciendo las informaciones sobre la experiencia citada. O tal vez se anima y nos manda una o un experto para que nos diseñe la campaña como un gesto de cooperación. Así no habría que pagar a ningún creativo.
Entretanto, la gente de la radio y la televisión, como usufructúan en beneficio privado un bien público, propiedad pública, como son las ondas hertzianas, podrían emprender acciones contra el ruido. Así, devolverían a la sociedad, una pequeñísima parte de lo que han obtenido gracias a tal usufructo. Para ello, las televisoras deben comenzar haciendo bajar el tono de voz a sus comediantes y sacando de sus contenidos "humorísticos" las escenas de pleitos familiares en los que el griterío está al pecho. Lo mismo harían con las discordias altisonantes entre amigos y enemigos.
El interés nacional así lo reclama, porque -es verdad de acero-, los ruidos que laceran el sistema nervioso tienen muchísimo que ver con las abundantes expresiones de violencia que se dan en nuestras casas y en nuestras calles.Tal vez -no sé-, lo que he planteado no sea de interés nacional alguno, pero sí es de muchísimo interés personal. Porque los ruidos y la "música" en boga me resultan insufribles. Es que mi cerebro es lento y necesita silencio para su sanidad. Y para concluir, un comercial: ojalá que las emisoras de este país sean como Viva FM, pero no tan lejos en el tiempo como en el año 2500. Es demasiado esperar.
Por Elsa Expósito
Hay, en nuestra sociedad, expresiones de vulgarización escandalosas. Es como si hubiésemos perdido el sentido estético, como si la libertad personal, el respeto a las diferencias, la tolerancia frente a ellas, constituyesen licencias para la vulgarización de la existencia, para en buen español dominicano, la "cualquierización" de la vida.
Parecería que somos incapaces para buscar el justo, el preciso equilibrio, entre las actitudes y comportamientos autoritarios, intolerantes, y la tolerancia y la libertad personal.La "música" de moda hoy aquí es, sin ninguna duda, una de las más connotadas expresiones de la vulgarización, del mal gusto, de la vida dominicana de hoy. Y del bullicio. Si antes no lo hubiese entendido, lo que hoy pasa en esta tierra, musicalmente hablando, habría sido más que suficiente para comprender a Hermann Hess cuando habla acerca de la música como elemento para conocer a un pueblo, para adentrarnos en el alma de una nación.
Los ruidos, comenzando por el que divulgan el grueso de las radiodifusoras y televisoras de esta nación bajo el nombre de "música" popular, nos están enfermando. (No hablo de sus letras porque se trata de un tema aparte, en el que hay muchísimas alforjas que recortar). Y parece que no nos damos cuenta.Es como si la gente hubiese perdido un sentido, el importantísimo oído. No hablamos, gritamos, pero no parece que nos demos cuenta.
La ciudad está llena de ruidos, de bullicio. Y hasta en los hogares, en muchos hogares, la gente no se habla, se grita. Y como los gritos obstaculizan la comunicación, difícilmente puede haber comunicación entre una madre, un padre y sus hijas y sus hijos acostumbrados a gritarse.
Salga usted a la calle, pero prepárese antes porque se arriesga, con creces, a enfermar su oído, con todas las secuelas negativas de esa enfermedad. Como en la calle anda tanta gente que tiene el oído enfermo, porque lo dañó exponiéndolo a una carga de decibeles mayor a la que él podía soportar, la población no sabe hablar quedo, bajito. No. Se comunica a gritos, oye "música" para que los otros y las otras también la escuchen y no hay forma de que te respeten tu oído sano. No, también quieren enfermarte el tuyo.
La radio, la televisión, las bocinas de los automóviles públicos y privados y en hogares y "colmadones", las ambiciones alocadas se confabulan para parir ruídos, para agredir nuestro oído, con todo y las coyunturales campañas de la Policía y los aspavientos teatrales, de ocasión, como para estar en la "onda" noticiosa, de gente de periódicos, de la televisión y de la radiodifusión.
Y otro ruido, altamente peligroso, el que sale del arma de fuego asesina cuyo gatillo fue apretado por un ser humano habitante de esta ruidosa e insoportable Santo Domingo.Como según las Ciencias Médicas, los ruidos dañan la salud, incluyendo el sistema nervioso, el equilibrio emocional y hasta la tan preciada "virilidad" masculina (no hay aguacate que valga), creo de altísimo interés iniciar una campaña nacional, bien planificada, conforme las técnicas del mercadeo social, para enfrentar el bullicio.
La gente ecologista de este país y los medios de información social, principalmente la radio y la televisión, bien podrían planificar, confeccionar y difundir esta campaña. La embajada de Francia, nación donde hace muchos años se hizo una campaña de mercadeo social para obligar a los y las automovilistas a no tocar las bocinas de us autos a menos que fuese necesariamente obligado para evitar un accidente, podría dar la mano en este proyecto, simplemente ofreciendo las informaciones sobre la experiencia citada. O tal vez se anima y nos manda una o un experto para que nos diseñe la campaña como un gesto de cooperación. Así no habría que pagar a ningún creativo.
Entretanto, la gente de la radio y la televisión, como usufructúan en beneficio privado un bien público, propiedad pública, como son las ondas hertzianas, podrían emprender acciones contra el ruido. Así, devolverían a la sociedad, una pequeñísima parte de lo que han obtenido gracias a tal usufructo. Para ello, las televisoras deben comenzar haciendo bajar el tono de voz a sus comediantes y sacando de sus contenidos "humorísticos" las escenas de pleitos familiares en los que el griterío está al pecho. Lo mismo harían con las discordias altisonantes entre amigos y enemigos.
El interés nacional así lo reclama, porque -es verdad de acero-, los ruidos que laceran el sistema nervioso tienen muchísimo que ver con las abundantes expresiones de violencia que se dan en nuestras casas y en nuestras calles.Tal vez -no sé-, lo que he planteado no sea de interés nacional alguno, pero sí es de muchísimo interés personal. Porque los ruidos y la "música" en boga me resultan insufribles. Es que mi cerebro es lento y necesita silencio para su sanidad. Y para concluir, un comercial: ojalá que las emisoras de este país sean como Viva FM, pero no tan lejos en el tiempo como en el año 2500. Es demasiado esperar.
viernes, 28 de septiembre de 2007
Origen de la palabra Expósito
(Nota de la editora: El texto copiado abajo fue tomado de un sitio de la red (su nombre es irrelevante). Y lo comparto por interés personal. Es que navegando en la red quise conocer el origen de mi apellido Expósito y "me topé" con este artículo que ahora comparto.)
Hoy no se emplea ya esta palabra, que ha sido sustituida por la de abandonado para referirse al recién nacido del que se ha deshecho la madre, porque ya no existen las casas de expósitos, una institución que resolvía el problema de la maternidad no deseada. La "exposición" de niños, llamada también exposición de parto, difería del "abandono" (menos civilizado, pero que buscaba también desprenderse del bebé sin causarle daño) en que estaba socialmente aceptada y regulada, hasta el punto de que en todas las ciudades importantes había una casa de expósitos; y en las muy populosas, la ley mandaba que hubiese en cada distrito una de estas casas con torno, para tener la mujer la libertad de depositar en él a su hijo sin ser vista por la persona (una monja) que lo recibía.
Las casas de expósitos, los hospicios y las maternidades han sido sustituidas hoy por otro género de instituciones en que se descarta la ocultación de la identidad de la madre, porque ha dejado de ser una ignominia la libertad sexual de la mujer no casada, y en consecuencia su maternidad; aunque esta última y el embarazo que la precede no se llevan con el mismo desenfado.
Expósito es una forma latina, palabra culta por tanto con la que se ha dado el mejor nombre posible a una realidad bastante dura. Este nombre lo inventaron y lo usaron ya los romanos con el significado que tiene en nuestra lengua. El verbo expono, exponere, expósui, expósitum significa "poner fuera", sacar. Las aplicaciones de este verbo son infinitas, y una de ellas fue la de dejar fuera de la casa (ex pósitus = puesto fuera) al recién nacido no deseado. Esta práctica de la exposición, del simple sacarlo fuera, fue común por todos los pueblos con intención de eutanasia, pero con la posibilidad de sobrevivir si a alguien le interesaba la criatura. En La India de los vedas fue muy común. La historia nos cuenta que en Grecia se llegaba más allá, yendo directamente al infanticidio. En Roma al paterfamilias, dueño absoluto de los hijos, el derecho le reconocía como un elemento más de la potestas patria el ius exponendi, es decir, el derecho de sacar fuera de la casa, y dejarlo ahí para que se muera o para que alguien lo recoja, al hijo no deseado.
La palabra y el concepto del abandono consentido de los hijos han perdurado en nuestra cultura hasta hace menos de medio siglo. El cristianismo le dio una forma más humana para los hijos abandonados, a los que recogió en los hospicios y en las casas de expósitos; y para las madres manteniendo su anonimato. Quedaron, sin embargo, profundas huellas de la crueldad en que estaba envuelto algo tan grave. La cuerda rompía, como siempre, por lo más flojo. Al no tener estos niños padres conocidos, se les ponían apellidos que delataban su condición de niños abandonados: el más cruel era el ponerles directamente Expósito de apellido. Todavía en 1921 la ley establecía en España que los expedientes para cambiarse el apellido de Expósito por cualquier otro, serían gratuitos. Entretanto se arbitraron otras fórmulas, como fue ponerles a estos niños como apellido el nombre del santo del día, y ya más adelante los apellidos que quisieran ponerles (elegidos arbitrariamente) los responsables del hospicio, que ejercían de tutores suyos.
Hoy no se emplea ya esta palabra, que ha sido sustituida por la de abandonado para referirse al recién nacido del que se ha deshecho la madre, porque ya no existen las casas de expósitos, una institución que resolvía el problema de la maternidad no deseada. La "exposición" de niños, llamada también exposición de parto, difería del "abandono" (menos civilizado, pero que buscaba también desprenderse del bebé sin causarle daño) en que estaba socialmente aceptada y regulada, hasta el punto de que en todas las ciudades importantes había una casa de expósitos; y en las muy populosas, la ley mandaba que hubiese en cada distrito una de estas casas con torno, para tener la mujer la libertad de depositar en él a su hijo sin ser vista por la persona (una monja) que lo recibía.
Las casas de expósitos, los hospicios y las maternidades han sido sustituidas hoy por otro género de instituciones en que se descarta la ocultación de la identidad de la madre, porque ha dejado de ser una ignominia la libertad sexual de la mujer no casada, y en consecuencia su maternidad; aunque esta última y el embarazo que la precede no se llevan con el mismo desenfado.
Expósito es una forma latina, palabra culta por tanto con la que se ha dado el mejor nombre posible a una realidad bastante dura. Este nombre lo inventaron y lo usaron ya los romanos con el significado que tiene en nuestra lengua. El verbo expono, exponere, expósui, expósitum significa "poner fuera", sacar. Las aplicaciones de este verbo son infinitas, y una de ellas fue la de dejar fuera de la casa (ex pósitus = puesto fuera) al recién nacido no deseado. Esta práctica de la exposición, del simple sacarlo fuera, fue común por todos los pueblos con intención de eutanasia, pero con la posibilidad de sobrevivir si a alguien le interesaba la criatura. En La India de los vedas fue muy común. La historia nos cuenta que en Grecia se llegaba más allá, yendo directamente al infanticidio. En Roma al paterfamilias, dueño absoluto de los hijos, el derecho le reconocía como un elemento más de la potestas patria el ius exponendi, es decir, el derecho de sacar fuera de la casa, y dejarlo ahí para que se muera o para que alguien lo recoja, al hijo no deseado.
La palabra y el concepto del abandono consentido de los hijos han perdurado en nuestra cultura hasta hace menos de medio siglo. El cristianismo le dio una forma más humana para los hijos abandonados, a los que recogió en los hospicios y en las casas de expósitos; y para las madres manteniendo su anonimato. Quedaron, sin embargo, profundas huellas de la crueldad en que estaba envuelto algo tan grave. La cuerda rompía, como siempre, por lo más flojo. Al no tener estos niños padres conocidos, se les ponían apellidos que delataban su condición de niños abandonados: el más cruel era el ponerles directamente Expósito de apellido. Todavía en 1921 la ley establecía en España que los expedientes para cambiarse el apellido de Expósito por cualquier otro, serían gratuitos. Entretanto se arbitraron otras fórmulas, como fue ponerles a estos niños como apellido el nombre del santo del día, y ya más adelante los apellidos que quisieran ponerles (elegidos arbitrariamente) los responsables del hospicio, que ejercían de tutores suyos.
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